lunes, 23 de junio de 2008

Qué quiero de mi poesía - Por Ma. Eugenia Perez Tomas


Mayo de 2008
¿Qué quiero de mi poesia?
Por María Eugenia Pérez Tomas

Día uno:

Surge de mí una catarata colorida de palabras.
En forma glotona, casi promiscua.
/cuando solo quisiera ver mi sencillez/
descubrirme atrás de eso/transitar otras zonas/
ir construyendo a conciencia mi poética.

Elegir un tema ¿la historia como protagonista?
Quizás me empecine en la sensación corporal y por eso me alejo de un hilo estructural temático.
Me vuelvo obvia y nombro en vez de confiar en ese lugar donde yo no participo.
Lo anhelo, lo menciono, lo describo, entonces lo anulo.

La descripción poética de los vínculos me atrae.
Los detalles sensoriales y naturales
La materialización de las imágenes de los estados
Describir en forma literal mi sensación.

Generalmente elimino los como para evadir un pensamiento extra.
Para que la imagen llegue directo.
Teniendo en cuenta que lo que escribo siempre estará persuadido por la imaginación del otro, evitar que la imagen se distancie del lector por querer leer lo que yo veo.
Proteger a la imagen
Que el como sea un salvador para enmarcar.
No se si siempre es conveniente, me rigidiza.
Hermetiza.
Me distancia a mí de mí, y eso desvincula.

Tiendo a metáforas surrealistas.
Pero con la obstinada utopía de resaltar mi humanidad dentro del cosmos.
Por el momento no encuentro la vía de llegar a la simpleza del cotidiano sin antes pasar por las múltiples variables de posibilidad de conjugar oníricamente.
A veces me pregunto si no es simplemente tener el valor de hacerlo directamente.

Si no es un delirio me pongo seria. Aburrida y respetuosa.
Mi imaginación pareciera conocer un solo camino.

El hueco de verdadera sinceridad se me afloja con una lentitud inaceptable.
Tengo una gran facilidad a engañarme, aunque haya descubierto algunas mañas
No me refuto en un sentido moral. Lo hago en un sentido artístico.
No dejo un espacio de respiración. No dejo librado al azar. Me cuesta terminar de soltar.
Resuelvo rápidamente, me ataca la síntesis, las libres asociaciones. Gana territorio mi pensamiento conocido.
¿No hay humanidad?

Me pongo en juicio, me presto como experimento.

No dejo filtrar grietas.


A eso quiero ir.


A una poesia donde se vislumbren las grietas.

Más delicada y precisa.
más sigilosa y arriesgada.

más clara, más posible, más real.

más lenta.

más cercana.
más tibia.



Día dos:

Contrariamente a lo que siempre pensé:
Busco mi femineidad.
La deidad de mi mujer.
Mas allá de que el hombre se identifique o no.
Pienso ahora: mejor es que me deseen a que quieran ser como yo.
No todo acercamiento tiene que ser de identificación,
o de querer abandonar la propia persona para surgir en el otro.
¿Toda empatía se genera a través de la mímesis?
Quizás el deseo de lo bello y palpable esté íntimamente ligado al sexo.
Y reconozco que al nombrarlo se cristaliza.
Hay un punto de la razón conciente, un punto de suspenso.
Hay un punto de inconciencia, un suspiro.
Y es en la ambivalencia entre esos dos puntos donde surge la posibilidad
de alcanzar la integridad de mi autenticidad, como humano y a su vez como dama.
(Digo dama, por el propio engatusamiento que tengo yo del estado de gracia fémina, de delicadeza y sensibilidad que me otorgo al consagrarme mujer).
Al escribir me entrego al máximo estiramiento de mi límite sensorial
(físico y mental, si es necesario separar para especificar) y una vez allí me detengo a saborearlo.
Es en la respiración de los dos estados donde intento habitar el mayor tiempo posible e ir conociéndome en esa totalidad.
(No usaré indicadores /como: debe habitarse el mayor tiempo posible a causa de seguir permitiéndome la fragilidad al cambio, me sienta más cómoda la prueba, y revaloro ideológicamente la prueba y el error. Una concepción amorosa y cósmica de las posibilidades humanas reales de mutación. En riesgo asumido y perdido prevalece el intenso éxtasis vital, la repetición viva intensificada)
Aún en esta promulgación de la vida como creación amorosa y estética,
aún siendo participe de este pensamiento.
Mi voluntad se comporta como un bicho ineducado,
que camina a su propia merced, oscila olvidando esta premisa cuantisalvadora.
El invento, y su posterior justificación.
La entrega de mi alma como necesidad estoica de verdad.
Una fe ciega, dirían.
Es paradójico, ya que soy sumisa al majestuoso e inalcanzable dios abstractal elevando al infinito la sensibilidad humana, despojándolo de su condición de materia límite, enalzándolo a la divinidad y convirtiéndolo a su vez en un micro dios.
El ser y la nada, la expansión circular y binaria de mi concepción creativa.
Habrá que incluir a más participes.
Como las articulaciones, la tonicidad (no solo estirar y gozar).
Me ayudaría comenzar a dar lugar a la simpleza terrenal y pasiva de un hombre limitado.
Me angustio.
No logro reconocer matices, ni estados medios.
O lo ubico en el despojo y virginidad absoluta o lo galardono a tal punto de que mi papel brille por sí solo.
Pero tengo la ansiedad, la necesidad de tocar la temperatura de las letras.
Si finalmente tendría el coraje de volver a creer en la vida, mi vinculación se daría diferente.
No de manera tan ególatra, individual.

Me da placer cuando logro sensaciones en las oraciones. Nunca me importa tanto el significado, porque a pesar mío (de mi atención al entendimiento) la razón siempre acude a justificar.
Juego a librar sus conceptos un poco más lejos.


Muchos días muchos días después.

Releo y corrijo.
Hoy, un día de embotamiento de ideas.
En una semana de sobreexcitación de pensamientos.
Fui al teatro (encontré a mi antiguo amor con su casada).
Las personas ya se anularon.
El juego se torno plano, obvio.
Ya es un hecho que sucedió, en el pasado. Hace tiempo que ocurre.
La sinceridad, ¿de qué sirve?
Los inventos no son sinceridades, sino encuentros.
¿En que lugar el arte se coloca si ubica la metáfora en un plano absoluto di visibilidad?
¿Es una puja de verdades?
Los pensamientos fueron direccionados sin freno a una lógica única.
Tal rol a tal fin.
Líneas rectas siempre.
Retórica constante, estaremos bobos por eso.
Necesito una concentración otra.
Que se conquiste a mi atención.
La creencia.
No soy una maquina, no soy Dios.
¿soy la deus ex machina?
El hombre como medida de las cosas
el hombre media las cosas
el hombre como cosa que media.
el hombre se come las medias.
la mujer le cose las calcetas.
El hombre y la mujer piensan como el hombre de ayer.
Todas responsabilidades obvias.
Necesito un secreto, un paréntesis.
Un topos lejano al cual intentar abrazar.

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