martes, 11 de diciembre de 2018

Luisa Alem 2018









Amorfo el tiempo
en la planicie cutánea
derrite la consciencia
el calor volcánico de la espalda

despierta corazón
sube a la montaña
sube por el río
con alas de piel desnuda
toma el aire
que no tiene cáscaras

se pierde quién
se esfuma qué
se abraza al presagio
de cauces divinos

dentro
la sangre del néctar amanecido
no detiene la marcha
no procura las faltas
no sucumbe al torbellino
no capturan los ojos
no delata al Misterio

rebota el susurro
se embriagan los huecos
del corazón hambriento
late clorofila
opulenta de luz
anárquica hermenéutica
proliferación de la fe

y nada corazón
dentro de la miel vocecita
que nombra el reverso de las cosas
cada vez un destello
cada vez el develo
del olor violeta de la piel

dorada la risa
sobre un cuerpo infinito








*

Te digo
tu cuerpo se deshace
el aire se deshace
tan liviana tu piel
invisible
la respiro
te respiro
yo sin cuerpo
te digo
nos quemamos
los contornos se evaporan
nos pulverizamos
en las narices
la danza turquesa
del completo hallazgo
ni un atisbo sigiloso
del gentío hastiado
te digo
dios habita en las nucas
se disemina
la voz desnuda
como un túnel polisémico
innombrable
intransferible
cómo decirte
los colores del canto del gallo
al borde de la orilla
vibrando
el hueco sagrado
donde la conciencia se derrite
se hace agua
huérfana de costados












*
Sabio ojo de pez en el cráneo

Y qué
las líneas los trazos los cubos
el espacio el ritmo la fe

manos de pan
ofrenda para caídos

y qué
los muros las casas
los rostros anclados

y qué
lo mío lo tuyo
un pie en el zapato

montañas de nidos
de muertos salvajes

y qué
las formas la causa
afuera adentro
se estampan los sesgos
apenas nombrar
igual se plasma la rabia

el cielo en el pecho
la flor en la nube
la brisa en la cara
exhalan los vientos
despiertos los ojos
al traicionar
el agua en los cuerpos
deforma
sin cauce
se agujerean los días