sábado, 15 de noviembre de 2014

Agueda Pereyra


 Imagen: Luis Alberto Spinetta

apenas empezada
malentendida
en mi caos
mi cosmos alunizado
estelar

yo
eterna efímera
pulsátil me vengo y me voy
con y contra tu lengua
oráculo

un desprender(me) de tus fauces
un despegue del sentido ajeno
a aperturas
me abro
yo
ahora toda abierta
expelo el vértigo

mirada imantada
y esa asíntota
podría estar acaso
al fin
allá?

hundimientos
yo-me-hundo
en esta esquicia
frenéticamente en el sin-tiempo luminoso
crepuscular

yo creo:
mi tiempo
singularísimos segundos míos
repletos de mera vacuidad
¡que he creado!

encendimientos:
estoy y no estoy
y da igual

estoy en lo que de mí veo en sus ojos
en lo que sus letras hicieron de mí

yo
me asomo en el gesto
poético
siempre evanescente
serpenteante
pronta a la huida

nutrida de algarabía floral
revuelta de yo enredada
de tormentosa canción
insecta
arácnida o perra
todas esas
yo

invasión acústica resuena
titila en soledades
y airea
los firmamentos mezquinos
el ruido heredado
encarnado

la pregunta insiste
en agitamientos retumba

y ya salgo del reposo
yo
en caótico revoloteo
metamorfoseante
desprendida ya de viejos vasallajes

engendrada         
de mi
parto

en vaivenes
a rítmicos golpes
de amor
desamor

yo recomienza









pero
si yo esquivase, encogida
tus sombras
correrías?

lo dúctil dejando moldear
otra cosa
y ahí ahondabas
el segundo
en lo aún no descubierto
como un niño

eso propulsa
apronta la llegada
abismadamente

(una espera acompasada
advierte encendimientos)

buscar lo equilibrante es un moverse continuo
desamarrarse
subvirtiendo

o aparecer
de a ratos
en el corte
en lo que cala
las fallas
ahí donde eso tiembla

porque eso coagulado pesa
pesa enmudecido y grita: golpea
no calla        
un eco percute

no callan

abrazadores           febriles
como si manasen de lo hondo
en profuso continuo

otra vez caigo en la imagen lacunar
desdibujamientos
y el sueño previo: presagio onírico
de lo que no vendrá

acaso un delirio mitigara
la empastada memoria
para fregar las marcas
lamerlas

si me abroquelase
en el charco estéril de lo inmóvil
en lo mohoso del recuerdo, enmudecida
hubieras acaso
seguido cerca?

entonces
ya no debemos
temer al tiempo

lúminas encienden
soledades desmembradas
discurren en vuelos

algo orbita
luciérnagamente
vivifica el aire       

y si alumbrases?

respiro desmadrada
río abajo arriba
en fluencias

saliendo soy diluvio
carne fecunda
desenlazada

y te dedico
este ardor hacia lo inútil
filamentos míos que se extienden

arborescencias:
una tenaz vocación de pájara
migrando, cada vez

ya no temo al revuelo
a lo demasiado del mundo.








Deja tu comarca entre las fieras y los lirios
Marosa Di Giorgio


cruzaré el espacio nublado de la noche

el cielo explotando astros
extendido
azul
camino habitada de pájaros y peces

atrás queda la calma
el lugar familiar
la huella opaca

-una vez dijiste
que habría que sangrar-

avanzo por el río en movimiento
quebrando el ruido / como un cristal

desciendo
se me enredan
animalitos en el pelo
-una música, un perfume-
flotando en el aire húmedo

mi voz calma alumbra
el tamaño silencio nocturno
envuelta en cantidad de sombras
sigo el delgado hilo de luz
-tu huella-

llegaré con el crepúsculo
en ese instante confuso
llegaré sin velos
otra
nueva

me impulsa el deseo
quedarme en el sitio exacto de tu pie

todo lo que tocan mis dedos
tiene el color de tu risa

serán nuestras manos
el desorden del mundo

llegar a tu lugar
despertar del sueño

la vida comienza en tus ojos
que interrogan los míos como un fuego.




Águeda Pereyra
Soy Águeda, mujer. Nací en Madariaga, y emigré hace años a esta ciudad que me agobia y me fascina. Estudié Psicología y ejerzo el psicoanálisis, en el Borda y en otros bordes. Enseño, estudio. Estoy enamorada. Amo los perros, la música, la lluvia y las noches.

¿Por qué escribo? No sé. Escribo: es algo nuevo. Quizás me pobló siempre y ahora aparece como otra forma de decir(me), de hacer con el hueco, con el cuerpo que habito. Y empuja. Un resistir al tedio desde un lugar que resulta cada vez más amable, cada vez más infinito. Espacio lúdico, descubrimiento: corrimiento de mí misma, alumbrar opaco. Sin ínfulas, sin vanidades. En confines.

sábado, 25 de octubre de 2014

Dora Pentimalli

De Chirico- El gran metafísico


Algo se aquieta sobre el andamiaje
se afloja
la eficiencia del cuerpo
interludios de llamadas
hacen eco
a los últimos
espasmos
del martillo neumático.

Rozo el sentido de ese martilleo constante
ritmo opaco y tenaz
de un propósito inalcanzable
está todo por hacer
es
la precariedad arenosa y húmeda
de un inminente surgimiento

mientras
en la noche
la construcción
se desteje
como una tela de penélope.





Sobrevolar obreros
contabilizar fuerzas
pechos al sol
músculos tensados
traccionan - accionan
en el punto muerto de la inercia.
Guiño del ojo enrojecido
turgencias
la minifalda verde botella
deja un tendal de resuellos
de burbujas parpadeantes
energía pura
disuelta en el asfalto
híbrido, contrahecho
por la huella precisa
de este amasijo de intimidades.




Bala flotante
constelaciones melancólicas
condescendencia
(algo siempre
se rompe)
irrumpe
engranaje precario
sutura
la marca del duelo
¿para siempre?

Picar y picar
hasta el fondo
negrura
núcleo duro
caparazón del la carne
no perderse
en la aspritud del pedregal
seguir y seguir
picando picando
lágrimas de sudor
bajo la genealogía
de
fracturas amalgamadas
se revela
la esencial falsedad
de lo compacto.


Dora Pentimalli
Escribo para dejarme capturar. Al vuelo, como en vilo, la palabra necesaria me convoca, y  es encuentro.
Palpar la voz y paladear el gesto. Entrar en el laberinto del garabato, dejarme ir para poder quedarme y el verso es la morada que me alberga.
Sentir que algo está por suceder. Escribir es siempre un alumbramiento.
 Dora Pentimalli nació en Barcelona, España, en 1968. De padres argentinos y origen italiano, estudió en Roma, donde se graduó en Letras Modernas. Desde 1994 reside en Buenos Aires. Actualmente trabaja en el Instituto Italiano de Cultura en el área de gestión cultural y relaciones institucionales. Ha ejercido la docencia en distintos ámbitos, entre otros en los cursos de Arte y Cultura de la Asociación Dante Alighieri de Buenos Aires y en la Universidad de Morón como JTP en la cátedra Teoría Literaria. Ha realizado numerosos trabajos de traducción del italiano al español, en particular de documentales y guiones cinematográficos. En 2011 obtuvo el Diploma de Estudios Avanzados en Cultura y Sociedad otorgado por el Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES) dependiente de la Universidad Nacional de San Martín. Es autora de dos breves ensayos sobre la vanguardia española y ha publicado algunos de sus textos poéticos en la revista Apofántica.

 


viernes, 26 de septiembre de 2014

Adriana Romano

 Dibujo: Adriana Romano

Cigüeñas
Las culebras no guardamos rubíes en el cajón
de la ropa interior
ni hacemos nido
Despreciamos el dogma
Acechamos con sangre fría desde el principio
la farsa feliz de la creación
ese error
Delatamos las distorsiones
ponemos en riesgo
la estructura senil del mediodía
Licuamos la confianza de las cigüeñas
esas campeonas de la permanencia
propiciadoras del olvido
Somos la puerta que abre y cierra el tiempo
Conectamos esa pregunta con su respuesta
Por eso desechamos la impúdica confianza
en las chimeneas
el sexo burgués
los sonajeros
la milagrosa vida en facebook
y los parises
Nuestro propósito: 
mantener a raya la esperanza
esa ofídica certidumbre
elixir podrido que conspira
Desbaratar la perpetuidad en idioma culebra
significa culebra
Cada 12 en punto de verano
para que no se pierda la memoria del origen
les recordamos a las ñoñas cigüeñas
el camino de regreso
y las ponemos en riesgo con nuestros dientitos de silex
para que con sus zancadas pajaronas
remonten vuelo
y abandonen para siempre la trampa del libro abierto
el cuento
el niño de cachetes rosados
y la abuela en el sillón


                                                                       Vilo
 He visto algunos hombres esperar bajo  las estrellas
con una convicción nunca mitigada
Mi abuelo estaba entre ellos
            paciente en su sillón de mimbre
¿Con qué vamos a pagar
el desembarco de este presente?
dijiste
y hablaste de su bondad
Después
tu voz sonó como granizo en la ventana
cuando el ángel se detuvo
para escuchar el tintineo de un arbusto
Ojos gris pálido
de ferocidad y triunfo
Siempre nos han mentido, lo ves
Siempre
Ahora empezamos a entender la sinuosa verdad
— ¿Los astros lo saben?
El telón del cielo se descorre
Ellos lo sabían
En sus barbas de espuma estaba la espera
Hoy
los lobos corren locos en sus madrigueras
Aunque distorsionen
la cuerda apenas se soporta en su hilo
hijos del carbón y el gas
¿No ves acaso en las puertas de Santa Sofía
los tataratataratataranietos rubios de los últimos cruzados venecianos
pidiendo a gritos limosna a los turistas?
¿No te asombran los pitagóricos números callados?
¿Qué bocas se taparon?
¿Cayó Troya?
Los dedos de la noche llenos de escarabajos plateados
Vendrás, lo sé
hermano, padre, amigo mío
Vendrás sabiendo
Tu abuelo lo supo cuando puso el caño en su boca
Y también tu padre y el mío ahora juntos
lo saben
Soy un ojo que consigue ver el desvelado cielo
los alacranes inútilmente listos


Rumor
Un furor de amapolas pudre el aire
Hay
rumor de inmigrantes encerrados
una balacera de algodones
Viene del mundo
Mientras
la savia lame la vena de la hoja
en las encrucijadas
los relojes
copulan con los comerciantes
En cada esquina
hay un despierto por noche
un pastel de alquitrán y sonajero
Si pudieras verías lo que veo
El  manso retoño de los ascensores
la locuacidad de los cementerios
Pestaña amarilla
Vení
mirá
caminemos
El asfalto
tiene el verdor del cardo en primavera
y en cada puente
los centinelas
tejen puloveres de viento
No te duermas todavía
Si el agua se derramara sobre el vaso
los cristales de Gaza
clavarían perfiles en la noche
Abrí
tu íntima pestaña de enebro
para que los crucifijos
se desprendan de las cabeceras
y el dios niño juegue
otra vez
con peces y con panes
Adriana Romano
Hay un taco de papel blanco sobre la mesada de la cocina. Cada vez que paso me detengo y escribo.
Algo se escribe ahí. Parece que es poesía. No sabría decir más, quizá que la musa anda entre las cacerolas aunque esa certeza sea políticamente incorrecta.


Adriana Romano nació en 9 de julio (Provincia de Buenos Aires). Graduada en Letras, es escritora, filóloga, narradora, guionista y periodista. Coordina Talleres de escritura y lectura e Intensivos en creatividad en Buenos Aires, Madrid, París y Maryland.Ha colaborado con artículos para las revistas Ñ, Buen Destino y Clubs & Countries de argentina y GEO de España.Dirige el proyecto “Yo te cuento Buenos Aires”. Ha sido compiladora de varias antologías y coordina desde 2013 el colectivo literario Jaramillo 3M .Sus cuentos han sido premiados y publicados en revistas literarias y antologías. En 1998 fue Finalista del Primer Premio Clarín de Novela. En 2008 quedó entre los veinte mejores narradores del Primer Premio Clarín de Cuentos y en 2009 la Cátedra de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Murcia le otorgó el XV Premio Cortázar de Narración Breve. Fue guionista del programa televisivoTaxi –Gourmet y Yo te muestro BsAs. Servidumbre de paso, 2005, (Primer Premio de Cuento de la Fundación Victoria Ocampo) Fue publicado en Argentina por la Editorial Victoria Ocampo  y en España por Dilema.