lunes, 26 de noviembre de 2018

Verónica Maglioco


Lo que obstaculizaba la verdad era la ropa,
el impermeable entre el mundo interior
y el mundo exterior”
Oswald de Andrade - Manifiesto Antropófago






carne contra carne habito
los destrozos
restos tiernos de piel macerada
se incorporan
cuerpo dentro de cuerpo

mi boca
saborea tus gustos
mientras succiono fluidos
venzo

estiro tus músculos
como chicles metálicos
que se deshacen entre mis dedos

tus vértebras
construyen mis barrotes de jaula preciada
donde nada traspasa
más que el chapoteo del aire húmedo

tus fluidos
me condimentan
y ya no te quedan huecos
te disuelvo
me hacés espesa

ahora soy

hinchada de espíritu
nos percibo
vos me habitás
yo te habito




+++

A Reynaldo Jimenez



Extravagante asisto
feroz
a quebrantar la hiancia


mimbres en tu mordisco


malcriado respirar
se asiste a sí mismo

cosquilleo quemante
sin armazones


entre pierna de tu olor



suspiro



no desaparecerías.









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A la Libre.

Se abre

dibujar flores
al brillar en el gato voces dormidas

mil gorrioncitos batiendo las alas

mañana
cuando madura el año
veo luz en mi casa

sitio

sol poniente en la puerta
salvo el ocaso y la risa del niño
hay pocas luces
frio de noche

¿qué vendrá en mil años más?

mientras la noche castañetea
viento viajero sale y deja
rampantes galaxias


brisa de otoño rojo
nos miramos tu y yo
no dejamos budas vivos
no dejamos dioses

escucho el agua.





















Desde chica me zambullo entre lápices y libres.

Me conmuevo con el aroma a imprenta.


Fui criada por Cortázar y Quiroga entre rayuelas de selva.


Me dicen Verónica y me doy vuelta.


Pintaba las imágenes que me acompañaban en los primeros cuentos y las de los relatos que me salvaban en las noches de angustia adolescente.


Mi documento dice que tengo 34: discutimos a veces.


De joven la literatura latinoamericana me abrió los ojos a otras culturas y viajé, viajé mucho en el dormitorio de mi casa.


Me acurruco entre la música y la poesía.


Me decidí por estudiar psicología cuando la entrada a la Universidad fue mi siguiente puerta.


A los pecho nudos y carcajadas, intenté pintar, hacer ficción, cantar.


Una vez, mis dedos atragantados, no pudieron decir más que poesía.