martes, 8 de mayo de 2012

Valentina Bonelli



Cuando me dejaste
en esa tundra de parquet
abrí las ventanas
para expulsar fantasmas
el sol casi de noche
 me dio una sombra enorme
le hubieras temido
la hubieras enfrentado
como un boxeador
pero vos ahí no estabas
 la sombra bailaba
me enseñaba sus pasos
me invitaba a atravesar paredes
y saltar en las cornisas
la oscuridad que brotaba de mis pies
me abrazaba y me guiaba
en misteriosas danzas de sufí
bailé llenando los vacíos
matando los silencios que dejaste
borrando tus huellas en las cosas
cubrí la casa de canciones
cambié todos los olores
colgué mis iconos de Rusia
la imagen de una virgen montaña
custodiaba mi tálamo
ahora páramo







nunca tuviste una buena relación con la resaca

nunca entendiste
la importancia de ese caos sereno
después del otro caos
camino natural
hacia un orden certero
nuestro yo más despreciable
la borrasca deja su resaca
algo puede reciclarse
el olor a tierra mojada y su compost
vómito que limpia
migraña que esclarece
de ahí algo también brota
ese aroma a cosas vivas
que abre los poros
reconstruir en el día
los restos que caen de la noche
el retroceso mentiroso de las olas
que dejan secuelas en la arena
lo que dejó la crecida
perdido en las costas
tu empeño en rescatar algo
de nuestra resaca
el tesoro arrastrado
enredado en el limo
a medio camino
entre el mar y la tierra
podredumbre de la que puede salir algo digno
malestar que cura
hoy yo soy resaca







Pintura con borde blanco

Estoy lista
para tener ojos con colmillos
devorar cada color y su sonido
sumergirme en todo lo que avanza

Seré el eco de todas
 las tormentas de nieve.
Quiero ver y perderme
como una bailarina ciega
renunciar a entender algo
limpiarme del juicio
las teorías
de la historia
voy a hacerme cargo del vacío

Voy a dormir
en el grito mudo de ese borde blanco
Buscaré hasta que duela el cuerpo
mil palabras que alcancen a la vista

Quiero convertirme en loba hambrienta
Desgarrar mi vientre y llenarlo de sublime







La ira de Dios guardada en un sagrario.
                                                                          No, más!
Dinamita estallando adentro de una caja fuerte.
                                                                          No, más!
Motos rugientes en jaulas-esferas.
                                                                         No, más!
Una rata cocainómana rodando en su ruedita.
 


Valentina Bonelli
Cuando tenía 4 años mi hermana me enseñó a escribir jugando a la maestra, y creo que de ahí ya me largué a escribir poesía, cuentitos, lo que fuera. Eran los rastis, las Barbies (por las que aún deliro) y la literatura. Algo cotidiano, sin actos solemnes, ni rituales ni temores. Hubo momentos de llenar cuadernos, otros de mutismo, pero creo que nunca dejé de tener el hábito de la escritura.  Me fascinan las palabras, combinarlas, saborearlas y cuidarlas como si fueran las piezas de un bordado, o los ingredientes de una poción mágica que puede salvarte o convertirte en calabaza.