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lunes, 12 de octubre de 2009

AVEABREPALABRA - ENSAYO sobre AvE circular - por Karina Cartaginese

................................. imagen OLBINSKY


AVEABREPALABRA


“AvE circular”


Empecé escribiendo una serie de poemas, a partir de una experiencia mínima. Una serie de no más de diez. Recuerdo que se los mostré Romina, y me dijo algo así: por qué no lo expandís? investigalo un poco más, hacelo crecer.
Y de ahí, una palabra me llevó a otra, un sentido a otro, una imagen a otra imagen, el material no paraba de brotar (y sigue…), se me escapaba de las manos, pero siempre manoteaba la derecha, claro, para escribir.
Con el tiempo del Ave nacieron las Evas, juego con este vínculo “capicúa”, espejo o anagrama.
El material se multiplicaba como conejos(aún no encuentro píldoras anticonceptivas para ellas, Evas poesías). Han entretejido especie de túneles, laberintos y rizomas, creo que esta es la palabra clave del “AvE”.
Es una obra rizomática, barroca, minimalista, algo psicodélica , ya que por momentos la letra marea, pareciera que un poema, dice lo mismo que el otro, o algo muy parecido, pero las mismas palabras, en otra ubicación, en el espacio del poema, dicen otra cosa, es un cuerpo distinto, que dice algo distinto. Son poesías autónomas, pero comparten una misma vibración , una misma resonancia epidérmica, en el papel y la voz.
Son muchas bocas que hablan a través de la boca del “AvE”.
Los poemas están relacionados entre sí, aún a la distancia.
Es un gran cuerpo lleno de cuerpos.
Una gran boca llena de bocas.

Mi idea es que uno pueda tomar solo un poema y leerlo y que este pueda sostenerse por sí solo, y también en agrupaciones, cualquiera sea el orden, más allá del que yo les he designado, y el cual no es arbitrario. Lo decidí por varios motivos: sentido, sonido, laberinto de guiones internos y señalizaciones subliminales, y también por intuición.

El “AvE ”marea , El “AvE circular”: me remite a una experiencia de la niñez (ahora que lo pienso, y sobre lo cual he escrito otros poemas), en donde uno jugaba a girar, girar, girar, girar… hasta caer, girar hasta el silencio, y a la vez ser como el carozo de un ovillo de los ronroneos de Ella, de su voz, de sus voces, de sus Evas, que también son mis Evas (son a esta altura mis Evas?), serpenteando en mi médula.


Jugué con el exceso y la multiplicación. “…La escribí hasta que el silencio llegara a mi mano…”. Con lo rizomático de la obra, en las ramas, en la copa, hacia el afuera cielo, y con las raíces, la profundidad, el adentro suelo.
El árbol y el gran nido del “AvE”.
El cuerpo, y los cuerpos que salen de la boca de Eva, piel adentro, piel afuera, dentro: palabras huesos, sostén de los Cuerpos de Papel, en este caso los cuerpos de las Evas.
Evas en racimos que llenan las copas de letras, que entintan los labios de tanto, que brindan una boca por otra, se embriagan y marean, se agrupan deávertebras y medulares serpentean…


Y así nació el” AvE”, de algo tan pequeño y puntual como un botón . Quedé entre la intemperie y los microclimas, y en mi pecho y mi medula comenzaron a brotar las Evas.
Verbográficas Evas!!!!!
En racimos, en bandadas, en bandejas llenas….
En flotas de palabras buscando habitar una boca…
Aves origamis, desplegando sus alas en cuerpos de mujer y papel, con labios de tinta y tanto…


Tengo un proyecto de diseño: cada poema ocuparía una hoja, tendría su propio cuerpo de papel, cada poema es un AvE Origami, una Eva tornasol. Ubicada espacialmente siguiendo la forma de la V , dos alas unidas, en un punto de intersección, el vértice del “AvE”.
Ejemplo:

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********* ......................................................................................................................*******

********* ......................................................................................................................****

(margen superior izquierdo) .......................................................................(margen superior derecho)


************
***********
****
( centro desde la mitad de la hoja
hasta el borde inferior)

En esta bandad circular, hay más de cien aVes Origamis.

Yo que no dibujo, me encontré, dibujando letras para el AvE y para EvA.
Creo que también podría decirse que son poemas visuales o no decir nada y solo verlos y ver que pasa , que dicen, que tocan, que movilizan. Para mí las letras son cuerpos que se mueven, cuerpos que mueven cuerpos, y más allá “de que se entienda o no”, me gustaría que a la gente le pase algo cuando lo lea, eso depende de la química que se da entre la letra y el que lee.

Los epígrafes son poesía del “AvE”, siguen un carril horizontal, enhebrados, casi diría hilvanados por un mismo hilo de voz (*). Tienen una movilidad propia dentro de la obra, la ubicación,(el orden numérico) que puedan llegar a tener en la impresión en papel, es más dúctil.
Siguen un sentido, y una decisión de orden, pero pueden filtrarse en la serie del “AvE” con tinta propia, no es casual que los haya tipeado en negrita. Mientras que los poemas van por un carril vertical, moviéndose espacialmente en la hoja, siguiendo la morfología del viaje del “AvE”.
Sobre los epígrafes casi diría que son espacios de respiración y sostén.
Bisagras de las puertas del “AvE”, articulaciones del cuerpo de “EvA”, que se mueve, que da un pié, un paso, una mano, una boca para todas las Evas, que caminan, corren, agitadas, serpentinas, ansiosas de todos los ojos, mimetizadas y desnudas a la vez, entre el follaje de las hojas de papel, murmurando, rezando y ronroneando, entre la Flora y Fauna del Paraíso circular…en donde se desprendieron poesías, entre la intemperie y los microclimas…tornasoles de una voz…

El AvE creció, y sigue creciendo, sigo hilando fino, escuchando si algo me hace ruido, y me pongo contenta cuando las poesías resisten los filtros y me gusta lo que escribí.
También las leo como si no fueran mías, y en otros espacios físicos, por lo general, en mis viajes en tren, “para extranjerizar la mirada”( gracias por el término de Horacio Antonini).

Circular: porque Ella ronronea en círculo, y yo quedo envuelta en Ella y de Ellas, girando y escribiéndoles el paso, moviéndome en sus cuerpos, y Ellas en el mío.
Circular: de vuelta, y de vueltas, de ríos de tanta tinta, “ …la marea marea…” y me dejo llevar. De verdad, no sé nadar, y “… no sé nadar mi exceso…”, también es cierto que “… escribo para flotar…”

En la obra, hay tres poemas notablemente más extensos, dos de ellos con título propio.
Estos poemas se incorporaron posteriormente a la serie del “AvE”, en su origen no fueron pensados para ella. Y con el tiempo al leerlos con Romina, nos dimos cuenta, de que eran tres cuentas sueltas en este :“Rosario” de Evas, y que también había “Ángeles empetrolados en la plaza” y “ Evas anfibias de letras”.


Quiero decir que el “AvE”, tiene padrinos, que depositaron su fe en Ella, y la ven crecer y crecer…

Agradezco a quien iluminó en mí la llave del “AvE”.
Su mano abrió, en la semilla del aVe la voz…

Agradezco también a Romina Freschi, a Juan y Mercedes, a Susy Kesselman, a Ignacio Vázquez, a mi familia…sanguínea y “adoptiva”, y a Valeria Pagola .

Agradezco a la vida por Daniel Capanna, gracias a quien soy, y me enseñó a creer en mí, y a quien le dedico mi labor como artista.



Para el futuro espero obtener un buen subsidio, una beca para las bocas de mis Evas.
Un medio que les abra el vuelo, sucede que son una bandada de poemas y muy grande.
Y mis Evas son muy, muy exigentes y demandantes.
Muchas AvEs, muchas EvAs, muchos cuerpos, mucho papel y tanta tinta en las bocas.



Karina Cartaginese(21-09-09)



(*) Un Hilo de Voz(obra de Maia Mónaco)

Fragmentos de “ El poroto”(un cuento de la adolescencia de Daniel Capanna, rizomas de su pasado, que me encuentran Hoy), un aVe, un poroto, todo puede ser semilla, y germinación. La multiplicación no sé si para, elegimos que decir, que mostrar y que no.



“El primer día(…..) ya tenía sus primeras raíces”

“El segundo ya estaba largando algunas hojitas”

“Al tercer día(……)ya tenía tallo, hojas y raíces grandes tamaño familiar”

“El cuarto día, (…..)ya no entraba en el frasco de tantas raíces que tenía.

“El(….) quinto día las ramas del poroto estaban invadiendo por completo la cocina.

“El(…) sexto día(…..)la cocina estaba completamente cubierta por el follaje del poroto.

(…) el poroto seguía largando hojitas hacia los cuatro puntos cardinales de la cocina(…)por cada rama que cortábamos salían tres(…)el comedor estaba siendo tomado(…)

(…)No tuvimos necesidad de abrir la puerta, el poroto ya la había tirado abajo(…)

Cruzamos el comedor esquivando las raíces, mientras las hojas del poroto se cernían sobre nosotros; apenas tuvimos tiempo de abrir la puerta de calle y huir a la mayor velocidad posible…

(…)No se puede negar que fue una buena germinación.




Karina Cartaginese (21-09-09)




jueves, 9 de octubre de 2008

Limarla

Por Mariano Massone

Cuando me preguntan “¿cómo escribís?” respondo “la limo”. Es que limarla es una forma particular de expresarse, aunque decir eso como respuesta no parezca muy coherente.

La cosa es así. Cuando tenía 15 años tuve mi primer acercamiento al arte. Antes leí novelas de Stephen King y una serie de libros que se llaman Escalofríos. Pero a los 15 años, cuando empecé teatro, me di cuenta de que había gente en el mundo que se planteaba las mismas estupideces que yo.

Me acuerdo que la profesora era una artaudiana que nos proponía ejercicios raros. Una vez, nos tapó los ojos y nos dio cosas para que tocáramos: un pedazo de felpa, un cardo, un cepillo de acero. Nosotros teníamos que expresar con ruidos la sensación del objeto. Mientras nosotros hacíamos eso, ella leía a Shakespeare y tocaba diversos instrumentos indígenas. Nunca entendí mucho pero me copaba ir a las clases porque nunca sabía con qué me iba a encontrar.

Lo que sí hacía en ese taller era limarla, la limaba mucho, me subía al escenario y decía cualquiera y eso estaba bien. Entonces me divertía, la cosa era fácil.

A la profesora me la encontré el otro día en Once, me contó que estaba dando teatro filosófico para niños o algo así. Nos tomamos un café en La Perla y también me dijo que yo tenía un potencial creativo muy grande pero que necesitaba domesticarlo, como aprender a manejar los flujos. Yo le dije que sí, pero ella no sabía que lo único que hice en su taller fue limarla. Limarla todo el tiempo.

A los 16 años encontré una filmadora vieja en mi casa y todo me parecía interesante para filmarlo. Hacía cámaras ocultas, filmaba a mis viejos tomando mate... Hasta que un día se me ocurrió hacer un corto, entonces llamé a dos amigos míos y les leí Casa Tomada. Les dije que quería hacer ese cuento en corto. Se prendieron. En esa época uno tenía más tiempo para limarla y creo que hasta podía estar limándola todo el día. Hicimos el corto y después cuando lo vimos nos dimos cuenta que no se entendía nada. La habíamos limado todo el tiempo. Teníamos pensado presentarlo a los Torneos Juveniles Bonaerenses pero nos pareció demasiado.

A los 17, la profesora de teatro en su cumpleaños me enseñó qué era un cadáver exquisito. Ese fue mi primer acercamiento a la poesía. En ese momento tenía una banda que se llamaba Psyche y todas las letras de las canciones eran cadáveres exquisitos. Nos separamos porque el baterista era muy careta y quería escribir canciones de amor. Además, no le gustaba que Nacho, mi mejor amigo, y yo la limáramos tanto.

Creo que pasaron un montón de cosas más que hacían que sea un limado, pero yo ni me daba cuenta. Limarla era tan normal como respirar.

Ahora más o menos entiendo de qué hablo cuando hablo de limarla. Antes lo decía porque sí pero ahora es una certeza: “cuando escribo, la limo”.

También me di cuenta de que el estado de limación se puede controlar y graduar según las situaciones. Pero a veces uno está en algún lugar donde tiene que parecer normal (cumpleaños de quince de la prima) y le sale un poco el lime. Aunque en fiestas está bien limarla un poco pero no mucho.

Hasta ahora encuentro en el arte el único ámbito donde me permito limarla con todo. A veces sale mejor o peor lo que hago, pero no tiene que ver con el producto (o sí). Mas bien, tiene que ver con el procedimiento.

Por eso, si la liman, fíjense que sea en el momento y la circunstancia adecuada. Un amigo mío dice que hay gente que tiene la llavecita y gente que no. Yo no creo que sea tan así, creo que todos tenemos la llavecita. La cosa es aprender a abrir y a cerrar la puerta (y otras veces salir por el techo).

viernes, 1 de agosto de 2008

Un relato de mí misma


Un relato de mí misma

Autobiografía literaria / Ensayo
por Juana Peralta


Ilustración Juan Bracco Arancet
galería pájaros locos
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Por dónde empiezo?
Por qué escribo? No me acuerdo a qué edad exactamente empecé a escribir. Siempre me gustó tener a mano un lápiz y un papel, por las dudas. Ahora pienso y trato de entender por qué y quizás que lo haya usado como un refugio, aunque no me gusta la palabra refugio porque tiene algo de dramático de víctima, pero también “casa” es mucho, …quizás paredes, en el sentido de límites. No sé, un espacio, que se abría para mi en el instante en que el lápiz tomaba contacto con la hoja, aunque no escribiera nada en particular y sólo repitiera una y otra vez el mismo dibujo, reforzando las líneas de un diseño al azar, una y otra vez hasta que adentro mío algo se hubiera aquietado, y sin darme cuenta sentir que “ya está”. Refugio en el sentido de un espacio real en el tiempo que me da una sensación de materialidad, de llegar a ser visible. Poder permanecer ahí todo el tiempo que quiera, me da espacio para entenderme, o llegar hasta un lugar, viajar en la oscuridad de mis marañas hasta que inevitablemente amanece, porque tarde o temprano eso pasa si o si, y eso es bueno saberlo adentro mío, es una ley que me encanta, un mantra que me protege y a la vez me da solidez para aceptar la permanente impermanencia .Como decía mi tío Federico Manuel: “sólo consiguen el oasis los que se bancan el desierto”
En mi caso particular, empecé a escribir mas en forma de poesía cuando lo conocí a Martín, mi compañero, y el papá de Rosa, cuando conocí y vivencié en carne propia el verdadero peso de las relaciones humanas y todo lo que eso significa. El acto de escribir me da un cierto peso-consistencia para esperar y aguantar un tiempo que aunque ya está establecido porque es parte del ritmo de la naturaleza todas mis partes disgregadas no lo pueden habitar a la misma vez, por eso escribir , o cualquier acción que haga poéticamente, me abre el espacio en el cual todas las partes puedan estar juntas. Y en ese instante llega el alivio, como una confirmación de que soy y existo.
Acción poética: acto de buscar/encontrar la belleza que inexorablemente existe en cada hecho o cosa del universo. Momento en que se logra/intenta dar cauce a algún sentimiento atrapado en algún lugar de nuestro cuerpo.

Nací antes y completé ese tiempo marino en una incubadora. De hecho, todavía lo completo cada día metiéndome adentro en el mar caliente de mi bañadera, lugar sagrado para mí donde leo, escribo, rezo, canto, tomo algún te perfumador (a veces una cerveza), hablo por teléfono con una hermana, o simplemente me quedo ahí sumergida un buen rato con la nariz afuera para poder respirar y estar en silencio. Permanecer ahí, en ese silencio más hermético hasta milagrosamente recuperar el equilibrio (tan necesario) para salir, o a veces nada más para irme a dormir con la sensación de estar mas entera.
Según mi mamá, casi nos morimos las dos el dia ese que nací, era 6 de abril de1978 y fue el peor momento de su vida, dijo, porque se sintió tan mal y tuvo tanto pero tanto miedo… Pensaban ponerme Clara pero al final cambiaron de idea porque era muy oscura y me llamaron Juana, pesaba 1 kilo, y una vez hablando, como para darme una idea de cómo realmente era yo cuando nací, mi mamá me comparó con esos tubos negros de los teléfonos de ese entonces.
Era junio del 78 en pleno mundial de fútbol cuando ya pude salir de la incubadora para ir a mi casa. Parece ser que contrataron para que me cuidara, a una enfermera que ganaba igual que el gerente gral de General Motors. Recién a los 6 meses de vida me sacaron al mundo, o a dar una vuelta a la manzana. Nadie podía ingresar a ese cuarto aséptico salvo algunas excepciones, y con barbijo, eso me lo contó mi hermana. Uno construye su historia a partir de los cuentos que fue oyendo, por eso hoy que tengo una hija presto tanta atención a cómo cuento las cosas. También me dijeron que mi hermano Blas lloró toda la noche porque esperaba a un hermanito. De todas maneras es de él, del que más recuerdos tengo de cuando era chiquita y es más, fue yendo desde mi hermana Mili hacia él que me animé a dar mis primeros pasos. Yo compartía el cuarto con el, hasta que se fue pupilo a Córdoba. Una mañana, mientras él preparaba sus cosas para irse al colegio, yo estaba parada en la cuna agarrada de los barrotes, probablemente mirando lo que hacía, cómo juntaba sus cosas, la mochila, y se ve que no pude resistir su partida, y pretendiendo seguirlo me tiré de la cuna, cayendo de dientes al piso. Así fue que aparecí con el diente negro en todas las fotos hasta que por fin se me calló, y también con un casco, porque tenía el pelo cortito como un varón. Muchas veces me confundían con un varón, cuando estaba en segundo grado me acuerdo que dos chicas malditas en el baño hasta me hicieron bajarme la bombacha para comprobar que no lo era.
Mis hermanos son tres seguidos y prácticamente después de una década llegué yo a éste grupo ya armado y establecido. Ahora me doy cuenta que fui bastante como una hija única, salvo que no lo era. También alguna vez oí a mis padres hablar de mí como la nietita. Muchos veranos los pasamos en el campo de mi abuela en Gral. Madariaga. Eso me hizo muy bien ya que podía jugar con niños de mi edad, salvo que eran todos varones, porque mis primas, que me llevaban un par de años, conversaban de pierna cruzada en el living a la hora de la siesta con mis tías y mi abuela. A mi me divertía ir a pescar tarariras con los muchachos, jugar al comando en los cañaverales, amontonar las ovejas en un rincón del corral para después lanzarnos de palomita encima como si fuera un colchón vivo y gigantesco, meternos en la laguna a nadar con los caballos, jugar carreras en el campo inundado me acuerdo ese verano que nos tirábamos del caballo en pleno galope, siempre a las carcajadas, salvajes, galopando entre los maíces altos que era como meterse a fondo en un descontrol de ruido sin saber adónde uno iba hasta que de golpe el silencio y el aire, cuando se atravesaba la línea recta en que se acababan los maíces y se salía al campo abierto.
Pero lo que más pero más me gustaba, era un juego que inventé que consistía en que el que toca el piso pierde, me había inventado unos circuitos aéreos que iban de árbol en árbol, a un muro, a otro árbol, a un tanque de agua, y así me pasaba muchas pero muchas horas yendo por el aire de un lugar a otro.
Me gustan mucho los árboles, aprendo mucho de ellos, me tranquiliza pensar en ellos, son parte de mi vida, y quizás suene exagerado, pero también de mi familia.
Cuando aprendí a escribir mis primeras palabras, me acuerdo la primer carta que escribí y le pedí a mamá que la mandara por correo a mi hermano querido Blas, que en el año 1982 lo habían mandado pupilo a Córdoba porque era un azote. Mamá escribió “Querido Blas” y yo después escribí abajo todas las palabras que sabía, que eran: Mamá, Papá, y Raúl (por Raúl Alfonsín, lo habré copiado de alguna calcomanía, quién sabe…, mi mamá era fan, y me estoy acordando ahora que también yo jugando hacía el gesto de las dos manos agarradas para el costado…).
Tengo dos tíos que me han marcado mucho, uno es Octavio, el hermano menor de mi mamá, que una tarde de calor mendocino lo descubrí por la ventana de su casa tocando la guitarra con la armónica enganchada tipo Dylan y sentí un flechazo musical muy fuerte. El otro, Federico Manuel, el hermano mayor de mi papá, que aunque está en otra dimensión (aunque quizás ya estaba en otra dimensión siempre, el decía que tendría que haber nacido 40 años más tarde), lo tengo muy presente en mi corazón, y sus palabras me dan fuerza, risa, y me inspiran la vida…Me acuerdo esa vez que pasó lo de María Amuchástegui que se tiró un pedo haciendo gimnasia, cómo Federico se reía a carcajadas porque no sé cómo habían reconstruido la escena en La Noticia Rebelde, y me lo contaba mientras se tomaba dos cafés con leche en esas tazas blancas monumentales. Después también, esa misma tarde, no sé qué le habré contado yo que me hizo buscar un lápiz y un papel para escribir lo que me iba a decir muy contundentemente, y así lo hice. Y me lo llevé a mi casa y lo pegué en la pared. Decía:
“Viejo careta, guanti,
no me hagás el bocho
porque no me banco más
ninguna apariencia.
Me acuerdo también en el 83, que Federico aparecía en el programa de Tato Bores, alguna vez lo vi porque habré pasado justo por el cuarto de la tele cuando lo estaban viendo, y me acuerdo cómo me impresionó, era muy loco para mi verlo ahí metido en la tele, mirando el techo, hablando cosas que hacían reír a todo el mundo, o cantando asi todo modulando “es la hora de los magos” de Jorge de la Vega, que fue el primer disco de vinilo que tuve, junto con el de la Novicia Rebelde. Nunca me voy a olvidar cuando papá sacó un tocadiscos viejo de un lugar muy alto de un placard y me lo regaló, sentí que me estaba dando algo importante, y pesaba una tonelada.
En el verano del 83, nos fuimos navegando a Brasil. Vivíamos en el barco de mi papá Gitana del Sur, nos bañábamos en el mar con shampoo para agua salada, comíamos camarones día y noche, todo el día en tanga con la piel negra y curtida, ese verano me habían bautizado el negro, porque mi mamá me había cortado el pelo muy cortito, y mal, y cuanto más trataba de arreglarlo más la empeoraba.
Siempre tuve desde muy chica un contacto muy especial con la naturaleza, vivíamos muchas aventuras con mi papá tan aventurero, y a mi me divertía mucho eso (cuando uno es chico no tiene noción del peligro), recuerdo que nadaba 100 mts desde el barco hasta la playa a los 4 años, incluso de noche me tiraba al mar, no tenía miedo de nada. Disfrutaba mucho del contacto con la naturaleza y de cómo mi cuerpo se sentía en ese movimiento, me atraía la destreza física, inventaba permanentemente nuevos desafíos, gozaba de mucha vitalidad y creatividad que involucrara al cuerpo más que nada, ya que era bastante callada, y todavía lo soy de hecho.
Cuando era chiquita me reía todo el tiempo, a mi mamá la llamaban del colegio porque no me paraba de reír, eso era en el 86, que tenía 7 años, y no tenía vergüenza de nada, bailaba…, me expresaba libremente (o al menos bastante libremente), hacíamos actos de Menudo con mis primos, cantábamos, en esa quinta en Hurlingham que tenían mis abuelos paternos donde nos juntábamos los domingos. Una vez mi abuela me echó de la pileta porque me reía muy fuerte: “nunca vas a conseguir novio así…” .
Me acuerdo que más de una vez quise ser varón, por ejemplo cuando estaba con mis primos que de pronto surgía esa complicidad de pertenecer al mismo género, y se paraban uno al lado del otro y hacían pis, y yo, era una mas de la fila que ahí parada, hacía mi gran esfuerzo y lograba que el pis saliera para adelante también. Me atrevo a decir que ya de más grande pude encontrar cierta gracia en ser mujer, precisamente en el momento en que me quedé embarazada de mi primer y única hija Rosa, mi amor de mi corazón. Eso fue algo que marcó un antes y un después, encontré la felicidad de un sentido, un hay que ir para allá, y eso fue la gloria para mi. Esta parte de mi vida me encanta…
Pero pasé de los 7 a los 24 años, creo que me salteé un pedazo. Quizás porque el colegio es un bloque de perder el tiempo del que me aburre hablar. Yo iba a un colegio privado y bilingüe de Belgrano R. Una vez, ya en el secundario, la directora le dijo a mi mamá que yo vivía en un mundo mejor muy lejos de acá, y de paso también mechó que había una posibilidad de que nos hagan el favor a mi y a ella (mi mamá) de sacarme algunas materias porque no me daba la cabeza. En mi familia mis hermanas eran una luz y brillantes, una era capitana del equipo de hockey, la otra era solista del coro, y puede ser que haya habido mucho contraste cuando aparecí yo que nunca me destaqué en nada. Aunque miento, porque en los últimos dos años integré el grupo de teatro del colegio e hice un par de obras en las que tuve papeles bastaaaaante importantes. Cuando terminé el colegio me puse a estudiar música en la U.C.A. En esos dos años y medio que duré en la facultad, conocí un mundo nuevo: Ofir, una casa-maravilla, Chorizo Cósmico en donde todo podía suceder, ensambles, música permanentemente por todas partes, fiestas, tuve la alegría de formar parte de shows en vivo en los que nos disfrazábamos, tocábamos pintados de plateado, había fuego, volaba gente por el aire y el azar, siempre dando la nota conjuntamente con un grupo de teatro que se hacían llamar Los Misceláneos y nunca pero nunca dejaban de sorprender con sus creaciones tan espontáneas y delirantes. También armamos una banda con unas amigas “Las Bombinis” (Bombini era el nombre de la pizzería que quedaba a la vuelta de Ofir, y donde yo pasaba gran parte de mis días cuando no estaba en la facultad). Aprendí a tocar un poco el bajo, me encantó ser bajista. Por otro lado, la U.C.A., donde me costaba mucho estudiar, y tampoco es que tenía mucho que ver con ese lugar ni esa manera tan rígida que me costaba tanto pero tanto seguir. Y así fue que logré salir huyendo para Ushuaia en Octubre del 98, ahí descubrí que era verdad, que realmente existía un mundo mejor muy lejos de acá, y que había mucho viento. Ahí empecé a escribir cartas, a partir de ese momento mi vida era viajar y escribir cartas, tuve una necesidad muy grande de conocer la Argentina, también deambulé por países limítrofes, y por algunos limítrofes de los limítrofes. Descubrí que una de las cosas que más me gustaban de viajar también era la excusa para escribir cartas. Esos meses que estaba en Ushuaia le escribía cartas a mi hermana Z sin parar describiendo todo lo que estaba viviendo y lo que sentía. Nunca me sentí menos sola en mi vida, al contrario, descubrí que la población interna había crecido sideralmente y eso me dio mucha alegría. Estaba enamorada de todo, y lo bueno es que con tanto viento ni podía pensar, solo sentir y escribir, describir todo ese mundo nuevo, lejos de la casa de mis padres, de estudiar, de todo lo que me pesaba y me torturaba. Ahora era una guía turística porque un día quien sabe por qué, ya que no es tan común que lea el diario, ni mucho menos el Buenos Aires Herald, en un cuadradito decía: “se necesita guía turística no profesional para estancia desolada de la patagonia, con bajo salario…” y no me acuerdo ahora qué mas decía pero fue suficiente información para saber que me estaban buscando nada más y nada menos que a mi, era justo lo que yo quería, lo que yo más necesitaba. Ese viaje también me marcó, sentí lo más parecido a la libertad por primera vez, estaba encantada de la vida. Y a partir de ahí fue que me puse a viajar sin parar, conocí glaciares, islas, desiertos, oasis, salares interminables, fui navegando hasta Brasil y perdí de vista la tierra por tres días, vi peces voladores, ochocientoscuarentamil delfines…
Cuando un día me quedé quieta, ya devuelta en la casa de mis viejos, me di cuenta de que tenía mucha tristeza, pero mucha en serio. Frustración, de haber dejado la música pensaba yo, o no sé de qué…, todavía ni sé del todo, pero era el año 1999, y ahí pasé mucho tiempo en mi cuarto. Conocí el miedo, el pánico y el terror por LA ARAÑA.
A cada rato creía tener una enfermedad terminal, todo era confusión, miedo… En ese entonces escribía todo el tiempo, abría un ojo y cuando me daba cuenta de que estaba despierta ya había escrito una hoja entera. Me fui unos meses a Bariloche a lo de unos amigos que tenían una suerte de bar, y me quedé el invierno ahí, trabajando en el Bar La Piedra, ahí aprendí a cocinar, o básicamente a hacer patys, y pizzas de todo tipo. Hubo un poco mas de música, y cuando volví, un amigo me invitó a su banda Urbana como tecladista, tocamos en muchos lugares, y hasta grabamos un disco, pero ya no disfrutaba tanto, ya vivía en estado de tortura prácticamente todo el tiempo y lo que me aliviaba, me hacía de cable a tierra para canalizar, era escribir, escribir cualquier cosa, eso era lo de menos. Ahora veo que un instinto de supervivencia me llevó a escribir marañas y marañas de cuadernos… Escribiendo creaba el espacio donde poder no hacer fuerza para sostener ninguna mentira ni ser como yo pensaba que ellos pensaban que tenía que ser y vivir. Y todavía no lo logro, aunque siempre me concedo la posibilidad de cambiar. De todas maneras reconozco que sigo sosteniendo el mandato aunque en menor intensidad, o al menos uno de los tantos, que en éste caso sería “Juana es singing, es out, vive en un mundo mejor muy lejos de acá, flota, ajena a la realidad, que envidia poder vivir así…, en un mundo flotante, en la luna de Valencia, de fantasía, colgada de la estratosfera, en las nubes de Úbeda, sin saber de nada, ni leer el diario, ni la política, ni los temas socioculturales, ni la actualidad piripipí, etc, …” me doy cuenta cómo es que sigo sosteniendo el mandato, y a qué nivel uno se queda pegado en esas cosas. Cómo es que el entorno nos juega y nos devuelve esa imagen, que en el caso particular mío, lejos está de ser placentera y todavía más lejos está, de estar lejos de la realidad. Yo soy un bife con espíritu. Cito a mi tío Federico Manuel de nuevo: del infinito al bife.
En fin, con esto quisiera readaptar la idea de el por qué escribo, y creo que es por algo puramente personal. Es una manera que me gusta de re-conocerme. Me doy cuenta de que no pretendo “cambiar el mundo” ni hablar “del mundo” a través de mis poesías, ni a través de nada de lo que hago. Más bien intento habitar mi mundo, reconocerlo, para intentar cambiar de posiciones. Atravesar la cantidad suficiente de oscuridad y de caos. Porque busco la claridad, el descanso de encontrarme con mi verdad mutante, aunque sea tan fugaz. siempre observando la naturaleza y sus ciclos que es donde encuentro la pureza. Y si en lo micro está lo macro, si me entiendo a mi entiendo al mundo. Busco entenderme, descubrir el orden sagrado. Por suerte hay otros que quisieron ser médicos, ingenieros, abogados, periodistas…, porque a ellos puedo acudir cuando los necesito. Me gusta tomar conciencia de la red y sentirme parte, porque hay un orden. Hay de todo y para todos.
No sé a dónde quiero llegar,
a ningún lado
que no sea
sentirme en paz de ser lo que soy.
Me gusta compartir lo que escribo, me gusta escribirle a una persona que quiero, o mandarle mis poesías a alguien . A veces las leerán, a veces no. Pero me gusta que me lean, que me escuchen en ese decir mudo que es escribir. Una vez me dijo un “maestro” (como le llamaban ahí, en ese pueblito colorinche y perdido de Jujuy): “A mi me gusta el ir”, valoro mucho eso que me enseñó, y me gusta tomármelo así…, todo en general, aunque a veces me olvide y sufra por sentirme tan mal que no llego a ningún lado, tan largo el cuento…

Juana Peralta




“El misterio final es uno mismo. Cuando se ha pesado al Sol en la balanza, y medido los pasos de la Luna, y trazado estrella por estrella el mapa de los siete cielos, aún sigue quedando uno mismo. ¿Quién puede calcular la órbita de su propia alma?”

Oscar Wilde “De profundis”

lunes, 23 de junio de 2008

Nueva Sección de Ensayos


Nueva sección de ensayos en pájaros locos
Ya se puede leer!!! Y por supuesto escribir!!!

No creo en el realismo - Por Romina Freschi




No creo en el realismo.
Por Romina Freschi

Aprendí a leer a los dos años – me enseñó mi padre con un libro fabricado por él mismo especialmente para que mi hermana y yo aprendiéramos a leer. Habiendo aprendido tan chiquita, no me acuerdo de cuando no sabía hacerlo. Sí de cuando me costaba, pero no de no saber, de no poder reconocer los signos. Es algo que solo me ha sucedido frente a idiomas extranjeros. Y a veces ni eso. Sé inglés, bastante francés y la mayoría de las lenguas latinas me es transparente, al menos para la lectura. Sin embargo, soy una lectora desatenta. No comprendo frecuentemente lo que leo sino hasta mucho después de leerlo muchas veces, y aún así, mis lecturas más ligadas al “sentido” como “significado” suelen parecer ingenuas.
Es que tengo una relación plástica con las palabras y el sentido del significado aparece mucho después, como una decantación, una obviedad obviada, sin importancia. El sentido en la poesía es para mí “lo” sentido, esto es, lo percibido, lo experimentado a través de la sensación. “¿Sentiste eso?” decimos muchas veces frente a un sonido. En esa misma dirección – o sentido- siento yo las palabras, en su sonoridad, en su plasticidad, en su dibujo, su trazo, su apariencia, longitud o cortedad, apertura o cerrazón, rispidez o blandura, curvatura o sostenido, y luego, en esa dirección, aparece algún- con algunos- significados.
No es que rechace la razón, todo lo contrario, pero no me gusta buscarla. Siento que estoy buscando un pleito. Prefiero sí, la poesía y la literatura sin conflictos, o en conflicto con el lenguaje y su materia, porque creo que es la única dirección en la que la poesía puede generar un cambio. Una palabra cambia algo, puede hacerlo, interviene lo real, es “histórica”, como diría mi amigo Emiliano, aunque lo histórico sea solo “oportuno” y no cambie mucho más que a mí misma.
No concibo literatura sin vivencia al tiempo que no concibo literatura que no experimente con las formas y que entonces se piense a sí misma como una forma única, generalizable y única medida de la experiencia. No creo en el realismo. Escribir es como esculpir una carne, suena algo sádico pero creo que así es. La vivencia es la experiencia, y toma una forma, pero nadie sabe cuál es, hay que encontrarla. En eso hay algo de buscar comprender al tiempo que transmitir, hacer dos cosas al mismo tiempo, “divertir” como diría Ná kar, otro amigo...
Así es que me identifico entonces más con los pintores o los músicos que a menudo pasan por etapas claras y diferenciadas en una obra que termina siendo global. No me molestan ni el cambio ni la contradicción, los he necesitado mucho. El agotar un procedimiento- que es también un punto de vista- es una experiencia- esto es, una visión- y eso me ha producido extremas intensidades, y aún extrema incompletitud. Me gusta pensar que avanzo, como la marea, para retroceder y llevarme un limo, cardumen de piedras y peces, que me cambian con su roce. Soy muy cambiante, y oscilante. Parezco insegura..
La poesía me resulta inevitable: una y otra vez vuelvo a ella, aun después de haberme cansado de mí misma. No siempre me es placentera, a veces debo luchar contra ella para dominar alguna situación. Pero siempre me da un momento de real belleza y claridad. Conmigo misma, con otros. Aun cuando no parece bella, al tiempo deja ver su claridad y revela la belleza. Supongo que es en la belleza donde encuentro una dirección.
La belleza me parece gratuita, el lugar donde se halla el deseo, y por eso nadie puede indicártelo ni vendértelo: uno se enamora solo, o no se enamora. Encuentra belleza, o no encuentra.Y eso no cuesta nada. Sucede. El fin del amor también sucede. Y no le quita belleza al amor. Lo pasajero a veces vuelve y si no… lo cierto es que pasó. Es inolvidable.
Le temo al olvido. Del mismo modo en que le temo a la muerte. A veces me obsesiono tanto con no olvidar que olvido. Recargo mi inconciente. Es en esos momentos cuando recurro a la razón: la razón me sirve para resolver pleitos, no para buscarlos, incluso, y sobre todo, conmigo misma.
Normalmente deambulo por instinto. En eso, parezco un perro. Es conocida mi pasión por los perros, y la verdad es que me identifico mucho con ellos. He crecido entre perros. Con ellos no hay palabras pero sí lenguaje, un lenguaje musical, y de costumbres y movimientos, repeticiones y variaciones, como es el lenguaje real para mí: moverse, ir y volver, volver a encontrarnos, cantarnos una canción, hacernos bien, variar la velocidad. Por eso me preocupo al último por el significado cuando hablo, porque creo que antes de hablar hay que actuar, o sostener las palabras con actos. Entonces, cuando hablo o cuando escribo, en realidad canto, o ladro.
En ese sentido, la política no pasa para mí por los discursos, sino por el uso que se le da a los discursos, al servicio de qué se pone uno. Eso es la actualidad para mí, los actos que aguardan por la mejor interpretación, aunque ésta no sea realista. En el medio hay un increíble y pasmoso tráfico de discursos, se multiplican, algunos tratando genuinamente de captar lo real. Son como rumores, formas huecas, tensas por el poder pero vacías, escuálidas, me jaspean la piel un poco, pero no siento nada, puro ruido blanco, nada lo sostiene. Mucha gente cree que eso es la política, la razón, o la literatura. Yo renuncio a lo real en la literatura, como eso real consensuado, esto es, del consenso. De la política me hago cargo como ciudadana. Mi poesía pretende la belleza, la sensación, el experimento, la visión y saciedad, siempre parcial, del deseo. Su verdad es indiscutible, su interpretación, múltiple. Es una cosa, que se alza en el mundo, no es un discurso. En eso no hago concesiones, elijo solo los consensos, siempre fugaces, que necesito y después todo queda entre esa escritura y el lector, como si esa escritura fuera – y lo es- un artefacto tornasolado, que cada vez que se activa, proyecta una imagen, libre de prejuicios.
Creo que la defensa de esa libertad es la defensa de toda la humanidad: creo en la libertad del individuo en la vida social y creo que la literatura es una manera de preservarla, al tiempo que esa es la única libertad que posibilita intervenir en la vida social. Creo entonces, fundamentalmente, en la imaginación. En la imaginación podemos proyectarnos enteros y pensar cosas que no vale la pena actuar, pero que son tan malvadas o bellas como el alma humana. Escribo entonces lo que puedo imaginar. Es lo mejor que puedo hacer, siempre, aun cuando mi imaginación sea corta.
Evidentemente me fascinan muchas cosas: la ciencia, la religión, el arte, la política, la psicología, la sociología, los colores,la magia, el yoga, la veterinaria, etc... Por eso soy escritora, para pasar de un tema a otro y de una especificidad a otra sin sentir la presión de la división del trabajo. Claro que trabajo mucho, todo lo que quiero y me encanta trabajar: vengo de una familia obrera: mi capital es mi trabajo: entonces hago un montón de cosas y varias a la vez y así, como dije antes, me divierto. En ese sentido, encontré en la poesía un lugar de pertenencia y plena autenticidad: me domino a mí misma, siento lo mejor de mí cuando escribo, ya sea poemas o ensayos, eso mejor se impone sobre mí y puedo pensar el mundo y sus detalles. En mis clases y talleres, ayudo a otros, particularmente, uno a uno, les presto mi atención, tengo la oportunidad de transmitir mis experiencias y asisto a sus procesos creativos desde un lugar de privilegio e intimidad absoluta: cambiamos nuestras vidas. Cuando realizo o apoyo un proyecto como la revista, o como un festival o una muestra, aporto pero de forma comunitaria, una entre muchos, cambiamos el mundo: realizamos un acto conjunto, producimos un objeto, apoyamos una idea que hasta puede ser un proyecto de ley u otro punto concreto en las historias y naciones concretas.
Me gusta viajar, aunque sea un viaje de media hora, relámpago. En el viaje se hace patente mi forma de vivir divertida: leo, escucho música, pienso, miro por las ventanas, recuerdo, imagino, hasta escribo o hago alguna manualidad, todo eso mientras estoy viajando, mientras avanzo. El viaje me cambia el humor, y sabiendo eso, lo disfruto. El resto del tiempo, juego con mis perros, hago el amor, duermo.
Soy optimista y a veces me encuentro con personas a quienes eso les molesta. Trato entonces de manejar mi optimismo con prudencia. La prudencia es un regalo del amor, un cuidado. Yo no era prudente hasta que alguien me amó. Ahí entendí la prudencia y ahora trato, con mucha dificultad, de ser prudente. Mi optimismo es una fuerza que me permite avanzar, la prudencia me permite dejar de avanzar, dejar que otros avancen, descansar. La intermitencia es una forma de la constancia, y así también me puedo dedicar a las matemáticas y volver a ser optimista.

Poesía y otros devaneos- Por Ingrid Anderson




Poesía y otros devaneos
Por Ingrid Anderson

Hace un tiempo un amigo, después de haber leído algunos de mis poemas, me fulminó con la siguiente crítica; “tus poemas son pornográficos”. Yo no entendí a qué iba. Le pedí que fuera un poco más específico. Resulto que no se refería al sexo sino a las “emociones” explícitas. Por esos días el comentario me hirió el vulnerable orgullito de poeta interior. ¿Eran malos entonces? ¿Pecaban de trillados, cursis, exagerados “al divino botón” (no al botón divino)?
Wilde se mofaba de la mediocridad en los poetas sinceros, quienes no podían salir nunca de símismos para construir algo más interesante que la mera transposición de la “realidad”, el verdadero poema funcionando como artificio, máscara.
-Así que soy demasiado sincera- pensé para mis adentros o quizás se lo dije y charlamos sobre la construcción de un personaje, yo-lírico, o de encontrar una “voz para vos”.
Hasta el momento nunca, o bueno si, muchísimas veces, me había preguntado para qué escribía, pero la respuesta, que para entonces me resultaba satisfactoria, era siempre la misma, “escribo para expresarme, para sacarme los dolores de cabeza, de pecho, de lengua”.

Poesía: bálsamo terapéutico, ansiolítico, cura rayes, aplaca soledades… etc.

Más adelante, aunque por supuesto no me acuerdo exactamente cuando, empecé a tomar conciencia de que podía haber algo más detrás del acto de “despejarse, despojarse”… y que si bien “la poesía” se infiltraba en mi visión cotidiana de las cosas, en la actitud hacia la vida, o sea, en mi forma de ser “yo”, no bastaba con tomar un jugoso pedazo de poesía para conformar un poema “redondo”, que me diera a mí or lo menos la sensación de estar acabado, completito, incorregible.

Me cuesta mucho pensar hacia dónde quiero llegar, qué busco incorporar, desechar, cambiar… pero realmente creo que la percepción de mi actividad poética al día de hoy agregó a la definición pretérita la noción de “experimentación”, de práctica, de tierra fértil donde no solo está permitido sino que es valioso, es esencial, el error, como paso, como estación intermedia, como manera de marcar un momento por el que transito.

Dar con una voz que fuera propia pero a la vez construida podría ser el resultado de mi búsqueda, pero me parece que justamente lo que vitaliza de la poesía es su espontaneidad, su falta de reglas, la diversión pura.
A mípor ahora eso es lo que me interesa, más que posicionarme desde un punto de vista determinado, quiero probar hablar desde distintas puntas; si imito, y si imito mal o bien, si no transmito el mensaje o si lo transmito demasiado…honestamente me trae sin cuidado. No tengo un “proyecto mayor” que este, el básico, el de comunicarme primero a mi y luego al resto estas especies de radiografías interiores del bocho retorcido que tengo.

Haciendo un punteo general igualmente puedo rescatar los siguientes planteos que surgen de las relecturas de ellos, los poemitas:

- El ritmo. Esto es lo que más noto que me cuesta, dar espacios, otorgar mayor velocidad, saber cuando cortar y cuándo darle a la vía rápida sin frenar… sobre todo en lo que respecta a la Oralidad, porque cuando escribo suelo dar un orden visual a los versos y me cuesta mucho a veces después darle los retoques necesarios para adaptarlos a una lectura en voz alta.

- Imágenes. Creo que vivo de ellas, no sé si podría escribir, o que clase de cosas escribiría sino tuviera un depósito de imágenes, a veces muy extravagantes, en la cabeza. El problema con ellas puede ser entonces el abuso. Cuando no estoy más que escupiendo imágenes para vaciarme y no hay elaboración posterior se puede producir un tumulto que es difícil de seguir. Por eso en ocasiones tengo que “separar” poemas, fragmentarlos dentro del mismo o en otros para que se luzcan más, para dar un respiro entre tanta coagulación.

- Espacio. Estoy intentando no “hacerme la loca” con el tema del poema como dibujo, no mandarme a tirar palabras como manchas de pintura en cualquier rincón de la hoja per se. El espacio gráfico tiene que coordinar con el ritmo primero, si, eso lo estoy empezando lentamente a asimilar.

- Masculino/Femenino: ¡Ay que temita! ¿Dónde está exactamente mi lugar? Muchas veces cuando razono no me siento mujer. Pero en la poesía… espacio abierto por excelencia, es medio complicado no meterse de lleno con todo lo que una tiene a cuestas. Sobre todo cuando mi pase de ida fueron las lecturas de Pizarnik. Si, fragilidad, erotismo y un libre-fluir que puede ser agotador.
¿O un trozo de papel que de pronto se siente como una declaración de guerra…? ¡Pero eso es el poder! ¡No de las mujeres! Sino de una chica que escribe como chica de las cosas que ve, siente y percibe como chica. Entre ellas a veces puede estar también el deseo de no ser una F, de ser incluso, o preguntarse cómo sería, desde dónde se hablaría si se fuera chico. También se puede jugar a olvidar que uno es lo que es. ¡Pero nunca se deja de serlo! Y me parece que en la poesía como en todo, las diferencias de género generan un enfrentamiento, una visión del mundo que de “diferente” puede resultar enriquecedora al proveer otros colores, que por contraste ,de hecho, pueden llegar a mejor nuestra paleta inicial.

- El humor. Tanto en la vida, como en la poesía me parece que no puede faltar. Me gustaría en ambas, poder ponerle más gracia a las cosas que digo, porque el humor me parece tanto más constructivo que la amargura, la queja o la mera repetición. Si uno bromea al respecto de algo, no es que lo acepte ni que no lo acepte. Existe, uno lo nota y por ende comenta al respecto asumiendo que seguirá existiendo de igual modo después que uno abandoné su observación. ¡Pero se produjo un cambio, ya no es el mismo de antes! El humor es también el asombro, la risa que puede provocar un sonido rarito, levantar las cejas cuando algo en una lectura está fuera de lugar. Que un poema provoque catarsis, llantos de compresión emoción profunda, etc, etc es muy bueno. Pero que provoque risa es aun mejor porque la risa es salud. Chan.




Qué quiero de mi poesía - Por Ma. Eugenia Perez Tomas


Mayo de 2008
¿Qué quiero de mi poesia?
Por María Eugenia Pérez Tomas

Día uno:

Surge de mí una catarata colorida de palabras.
En forma glotona, casi promiscua.
/cuando solo quisiera ver mi sencillez/
descubrirme atrás de eso/transitar otras zonas/
ir construyendo a conciencia mi poética.

Elegir un tema ¿la historia como protagonista?
Quizás me empecine en la sensación corporal y por eso me alejo de un hilo estructural temático.
Me vuelvo obvia y nombro en vez de confiar en ese lugar donde yo no participo.
Lo anhelo, lo menciono, lo describo, entonces lo anulo.

La descripción poética de los vínculos me atrae.
Los detalles sensoriales y naturales
La materialización de las imágenes de los estados
Describir en forma literal mi sensación.

Generalmente elimino los como para evadir un pensamiento extra.
Para que la imagen llegue directo.
Teniendo en cuenta que lo que escribo siempre estará persuadido por la imaginación del otro, evitar que la imagen se distancie del lector por querer leer lo que yo veo.
Proteger a la imagen
Que el como sea un salvador para enmarcar.
No se si siempre es conveniente, me rigidiza.
Hermetiza.
Me distancia a mí de mí, y eso desvincula.

Tiendo a metáforas surrealistas.
Pero con la obstinada utopía de resaltar mi humanidad dentro del cosmos.
Por el momento no encuentro la vía de llegar a la simpleza del cotidiano sin antes pasar por las múltiples variables de posibilidad de conjugar oníricamente.
A veces me pregunto si no es simplemente tener el valor de hacerlo directamente.

Si no es un delirio me pongo seria. Aburrida y respetuosa.
Mi imaginación pareciera conocer un solo camino.

El hueco de verdadera sinceridad se me afloja con una lentitud inaceptable.
Tengo una gran facilidad a engañarme, aunque haya descubierto algunas mañas
No me refuto en un sentido moral. Lo hago en un sentido artístico.
No dejo un espacio de respiración. No dejo librado al azar. Me cuesta terminar de soltar.
Resuelvo rápidamente, me ataca la síntesis, las libres asociaciones. Gana territorio mi pensamiento conocido.
¿No hay humanidad?

Me pongo en juicio, me presto como experimento.

No dejo filtrar grietas.


A eso quiero ir.


A una poesia donde se vislumbren las grietas.

Más delicada y precisa.
más sigilosa y arriesgada.

más clara, más posible, más real.

más lenta.

más cercana.
más tibia.



Día dos:

Contrariamente a lo que siempre pensé:
Busco mi femineidad.
La deidad de mi mujer.
Mas allá de que el hombre se identifique o no.
Pienso ahora: mejor es que me deseen a que quieran ser como yo.
No todo acercamiento tiene que ser de identificación,
o de querer abandonar la propia persona para surgir en el otro.
¿Toda empatía se genera a través de la mímesis?
Quizás el deseo de lo bello y palpable esté íntimamente ligado al sexo.
Y reconozco que al nombrarlo se cristaliza.
Hay un punto de la razón conciente, un punto de suspenso.
Hay un punto de inconciencia, un suspiro.
Y es en la ambivalencia entre esos dos puntos donde surge la posibilidad
de alcanzar la integridad de mi autenticidad, como humano y a su vez como dama.
(Digo dama, por el propio engatusamiento que tengo yo del estado de gracia fémina, de delicadeza y sensibilidad que me otorgo al consagrarme mujer).
Al escribir me entrego al máximo estiramiento de mi límite sensorial
(físico y mental, si es necesario separar para especificar) y una vez allí me detengo a saborearlo.
Es en la respiración de los dos estados donde intento habitar el mayor tiempo posible e ir conociéndome en esa totalidad.
(No usaré indicadores /como: debe habitarse el mayor tiempo posible a causa de seguir permitiéndome la fragilidad al cambio, me sienta más cómoda la prueba, y revaloro ideológicamente la prueba y el error. Una concepción amorosa y cósmica de las posibilidades humanas reales de mutación. En riesgo asumido y perdido prevalece el intenso éxtasis vital, la repetición viva intensificada)
Aún en esta promulgación de la vida como creación amorosa y estética,
aún siendo participe de este pensamiento.
Mi voluntad se comporta como un bicho ineducado,
que camina a su propia merced, oscila olvidando esta premisa cuantisalvadora.
El invento, y su posterior justificación.
La entrega de mi alma como necesidad estoica de verdad.
Una fe ciega, dirían.
Es paradójico, ya que soy sumisa al majestuoso e inalcanzable dios abstractal elevando al infinito la sensibilidad humana, despojándolo de su condición de materia límite, enalzándolo a la divinidad y convirtiéndolo a su vez en un micro dios.
El ser y la nada, la expansión circular y binaria de mi concepción creativa.
Habrá que incluir a más participes.
Como las articulaciones, la tonicidad (no solo estirar y gozar).
Me ayudaría comenzar a dar lugar a la simpleza terrenal y pasiva de un hombre limitado.
Me angustio.
No logro reconocer matices, ni estados medios.
O lo ubico en el despojo y virginidad absoluta o lo galardono a tal punto de que mi papel brille por sí solo.
Pero tengo la ansiedad, la necesidad de tocar la temperatura de las letras.
Si finalmente tendría el coraje de volver a creer en la vida, mi vinculación se daría diferente.
No de manera tan ególatra, individual.

Me da placer cuando logro sensaciones en las oraciones. Nunca me importa tanto el significado, porque a pesar mío (de mi atención al entendimiento) la razón siempre acude a justificar.
Juego a librar sus conceptos un poco más lejos.


Muchos días muchos días después.

Releo y corrijo.
Hoy, un día de embotamiento de ideas.
En una semana de sobreexcitación de pensamientos.
Fui al teatro (encontré a mi antiguo amor con su casada).
Las personas ya se anularon.
El juego se torno plano, obvio.
Ya es un hecho que sucedió, en el pasado. Hace tiempo que ocurre.
La sinceridad, ¿de qué sirve?
Los inventos no son sinceridades, sino encuentros.
¿En que lugar el arte se coloca si ubica la metáfora en un plano absoluto di visibilidad?
¿Es una puja de verdades?
Los pensamientos fueron direccionados sin freno a una lógica única.
Tal rol a tal fin.
Líneas rectas siempre.
Retórica constante, estaremos bobos por eso.
Necesito una concentración otra.
Que se conquiste a mi atención.
La creencia.
No soy una maquina, no soy Dios.
¿soy la deus ex machina?
El hombre como medida de las cosas
el hombre media las cosas
el hombre como cosa que media.
el hombre se come las medias.
la mujer le cose las calcetas.
El hombre y la mujer piensan como el hombre de ayer.
Todas responsabilidades obvias.
Necesito un secreto, un paréntesis.
Un topos lejano al cual intentar abrazar.

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 Un espacio para empezar a mostrar y repensar el trabajo en función de una primera socialización cuidada, con personas que escriben con pasi...