viernes, 28 de febrero de 2020
miércoles, 26 de febrero de 2020
lunes, 10 de febrero de 2020
Sofía Castillón
Elías Sarquis. @e_sarquis
7
La máquina avanza en la cumbia de Once. El tren rechina sus uñas, hace chispas.
Se oye el grito de un animal desesperado, chorrea calor, derrama cuadernos y monedas. La rutina salta al compás de la piel que se va, y que ya no vuelve.
Es el tren que agita las caderas, que presiona sus paredes. Son los vagones meneando los asientos para abajo, para abajo. Es la jarra loca de sangre y polvo que pasa de mano en mano por toda la fiesta. Un acordeón que junta y separa,
junta y separa,
junta y separa, gente y fierros.
En silencio, los guantes blancos aplauden la orquesta que no para de sonar.
11
Las luces de Buenos Aires son amarillas, rojas, verdes, blancas, azules, abajo salpican los espejos de los autos y desbordan las lagunas de la calle. Escapan como un montón de peces. Las luces son húmedas y de piel fría. Tiemblan en los ojos azotados de los peatones, y vibran en las sombras que descuidan los ruidos rajados.
En Buenos Aires las manos de los locos se entrelazan con el vapor de la alcantarilla, se fusionan con el olor a café y diario mojado. Las manos contienen el esplendor y la cadencia de maquillajes viejos, se llenan con la sensualidad del asfalto crudo, con el erotismo de las voces que no se pueden palpar.
El llanto de los locos aletea entre sus dedos, y son el primer nombre que se lee en las marquesinas. Sus caras brillan como pieles de pescados muertos.
El loco limpia con un pañuelo negro tantos fuegos que pasaron por sus pestañas. El loco habla de blues, lee a Boccaccio, bebe whisky. Su cuerpo desnudo creció en el espejo de un charco. Cada tanto, el loco muta y es un resplandor amarillo, se camufla en el semáforo, desaparece, y juega a no existir.
En Buenos Aires nadie ve al loco vestido con su propia sombra, rebotando entre librerías como si fueran algas, como si sus branquias resistieran la dulzura del papel.
20
Un elefante separa, con su trompa, la taza. Se sienta en el medio de la habitación, y sus nalgas rompen un hueco en el tiempo. El presente ya no es más. El pasado ya no es más.
Me derramé en la alfombra. En la habitación queda sólo un charco de mí, y un elefante de aire que no se toca.
La ausencia aplasta con su cuerpo mamífero, presiona con sus patas grises el centro de mi cuerpo y no me puedo levantar. No me mata. Una costilla cruje, una vena se desteje. No muero.
Me levanto y duele. Me levanto y camino. Me levanto y soy prudente con el orden de la casa, me muevo despacio y con zapatos mullidos.
Uso lana en la memoria. No miro fotos. No abro libros.
El elefante mira el compás de mi cuerpo, y espera.
El elefante mira el compás de mi cuerpo, y espera.
Sofía Castillón
Escribir para mí es una forma de leer, una manera de mirar el mundo y a mí misma a la luz de la literatura y tratar de darle un sentido.
Sofía Castillón escribe poemas y cuentos. Es periodista y colabora con la columna literaria de la revista digital 25horas.
Su instagram es @eldecoradosecalla
martes, 11 de diciembre de 2018
Luisa Alem 2018
Amorfo
el tiempo
en
la planicie cutánea
derrite
la consciencia
el
calor volcánico de la espalda
despierta
corazón
sube
a la montaña
sube
por el río
con
alas de piel desnuda
toma
el aire
que
no tiene cáscaras
se
pierde quién
se
esfuma qué
se
abraza al presagio
de
cauces divinos
dentro
la
sangre del néctar amanecido
no
detiene la marcha
no
procura las faltas
no
sucumbe al torbellino
no
capturan los ojos
no
delata al Misterio
rebota
el susurro
se
embriagan los huecos
del
corazón hambriento
late
clorofila
opulenta
de luz
anárquica
hermenéutica
proliferación
de la fe
y
nada corazón
dentro
de la miel vocecita
que
nombra el reverso de las cosas
cada
vez un destello
cada
vez el develo
del
olor violeta de la piel
dorada
la risa
sobre
un cuerpo infinito
*
Te
digo
tu
cuerpo se deshace
el
aire se deshace
tan
liviana tu piel
invisible
la
respiro
te
respiro
yo
sin cuerpo
te
digo
nos
quemamos
los
contornos se evaporan
nos
pulverizamos
en
las narices
la
danza turquesa
del
completo hallazgo
ni
un atisbo sigiloso
del
gentío hastiado
te
digo
dios
habita en las nucas
se
disemina
la
voz desnuda
como
un túnel polisémico
innombrable
intransferible
cómo
decirte
los
colores del canto del gallo
al
borde de la orilla
vibrando
el
hueco sagrado
donde
la conciencia se derrite
se
hace agua
huérfana
de costados
*
Sabio
ojo de pez en el cráneo
Y
qué
las
líneas los trazos los cubos
el
espacio el ritmo la fe
manos
de pan
ofrenda
para caídos
y
qué
los
muros las casas
los
rostros anclados
y
qué
lo
mío lo tuyo
un
pie en el zapato
montañas
de nidos
de
muertos salvajes
y
qué
las
formas la causa
afuera
adentro
se
estampan los sesgos
apenas
nombrar
igual
se plasma la rabia
el
cielo en el pecho
la
flor en la nube
la
brisa en la cara
exhalan
los vientos
despiertos
los ojos
el
agua en los cuerpos
deforma
sin
cauce
se
agujerean los días
lunes, 26 de noviembre de 2018
Verónica Maglioco
“Lo
que obstaculizaba la verdad era la ropa,
el
impermeable entre el mundo interior
y
el mundo exterior”
Oswald de Andrade - Manifiesto Antropófago
carne
contra carne habito
los
destrozos
restos
tiernos de piel macerada
se
incorporan
cuerpo
dentro de cuerpo
mi
boca
saborea
tus gustos
mientras
succiono fluidos
venzo
estiro
tus músculos
como
chicles metálicos
que
se deshacen entre mis dedos
tus
vértebras
construyen
mis barrotes de jaula preciada
donde
nada traspasa
más
que el chapoteo del aire húmedo
tus
fluidos
me
condimentan
y
ya no te quedan huecos
te
disuelvo
me
hacés espesa
ahora
soy
hinchada
de espíritu
nos
percibo
vos
me habitás
yo
te habito
+++
A
Reynaldo Jimenez
Extravagante
asisto
feroz
a
quebrantar la hiancia
mimbres
en tu mordisco
malcriado
respirar
se
asiste a sí
mismo
cosquilleo
quemante
sin
armazones
entre
pierna de tu olor
suspiro
no
desaparecerías.
+++
A
la Libre.
Se
abre
dibujar
flores
al
brillar en el gato voces dormidas
mil
gorrioncitos batiendo las alas
mañana
cuando
madura el año
veo
luz en mi casa
sitio
sol
poniente en la puerta
salvo
el ocaso y la risa del niño
hay
pocas luces
frio
de noche
¿qué
vendrá en mil años más?
mientras
la noche castañetea
viento
viajero sale y deja
rampantes
galaxias
nos
miramos tu y yo
no
dejamos budas vivos
no
dejamos dioses
escucho
el agua.
Desde
chica me zambullo entre lápices y libres.
Me
conmuevo con el aroma a imprenta.
Fui
criada por Cortázar y Quiroga entre rayuelas de selva.
Me
dicen Verónica y me doy vuelta.
Pintaba
las imágenes que me acompañaban en los primeros cuentos y las de
los relatos que me salvaban en las noches de angustia adolescente.
Mi
documento dice que tengo 34: discutimos a veces.
De
joven la literatura latinoamericana me abrió los ojos a otras
culturas y viajé, viajé mucho en el dormitorio de mi casa.
Me
acurruco entre la música y la poesía.
Me
decidí por estudiar psicología cuando la entrada a la Universidad
fue mi siguiente puerta.
A
los pecho nudos y carcajadas, intenté pintar, hacer ficción,
cantar.
jueves, 13 de septiembre de 2018
Taller en La Libre - Todo sobre Juana Inés
Situando
el cosmos: Juana Inés de la Cruz
Seminario
intensivo de introducción a la vida y obra de Juana Inés de la
Cruz.
Escritos
filosóficos, teológicos y poéticos.
1
encuentro de 4 horas
Dilema
1: ¿Monja, poeta, filósofa o santa? ¿española o americana?
Autobiografía y biografía – La respuesta a Sor Filotea de la Cruz
- La biografía del Padre Calleja – Hagiografía- – El contexto
de Nueva España
Dilema
2: ¿Qué puede decir/escribir una mujer? La retórica y la política
barroca -Carta de Monterrey – Carta Atenágorica – Carta de Sor
Filotea – La Respuesta como Defensa Política
Dilema
3: ¿Para quién escribe Juana Inés? Poética barroca – Escritos
para la Iglesia y la Corona – Introducción a El Sueño
Dilema
4: Discusión ¿puede pensarse a Juana Inés como feminista en el
siglo XVII? Lectura del Villancico a Santa Catarina en el contexto
del debate por la Carta Atenagórica.
Modalidad:
SEMINARIO – TALLER: luego de una breve introducción a cada bloque,
a partir de fragmentos de cartas y poemas intentaremos reconstruir
los debates en los que intervienen los textos.
NO
HACEN FALTA CONOCIMIENTOS PREVIOS.
Inscripción:
mosquitodragona@gmail.com
Valor
del encuentro: $500
Con
inscripción previa: $400
Sábado
6 de octubre 15hs
La
Libre Bolívar 438 CABA
https://lalibrearteylibros.wordpress.com/
jueves, 2 de noviembre de 2017
Julia Rebottaro
Puerperea.
La
ventada partida se divisaba desde el sillón
ella
sentada alimentaba a su criatura.
Era
el momento del silencio
pronto
la luz iba a ceder su brillo a la luna
y
así las horas del descanso estarían prestas a sucederse.
Silencios
intranquilos
las
manos transpiran algún llanto contenido
filosos
cuchillos ordenados meticulosamente en el cajón
bolsitas
anudadas en sí mismas buscan asfixiar los miedos
ahuyentar
la locura que se apronta sin aviso
toma
todo de improviso
y
transforma la costumbre
en
temibles fantasmas amarillos.
Amarillos,
como
cuando al sol lo dibujan los niños
como
flor de madreselva recién abierta en la mañana
como
limón maduro que pende de su rama
como
hojas en otoño que giran en remolino
como
cuando de repente se hizo negro afuera
y
adentro destellantes lucecitas se despegan
y
brillan, brillan tanto que enceguecen
y
los fantasmas se vuelven amarillos.
Pero
en verdad ya es casi mediodía.
Me
bajo de la bicicleta carmesí de sudor de enero.
Tomo
el ascensor para subir al piso 8.
Pareciera
que las piernas flojas deciden solas como dar los pasos
la
puerta 2 se traba, cuesta cerrarla
mi
torpe brusquedad lo vuelve a intentar con poca paciencia.
(Pienso
que los encargados del edificio en ese mismo instante del portazo
deben haber frenado la conversación con los vecinos de la ronda
habitual para mirarse en complicidad y sonreírle a mi impulso.)
Presiono
la botonera gastada, desajustada, desmemoriada
y
espero llegar finalmente a mi destino.
(Toda
la elevación la hago con mi mano derecha sujetando la manija de la
puerta.)
Al
frenar y abrir me encuentro con la sonrisa de un señor
80
años quizás
con
un cálido gesto que me da los buenos días
y
me dice, piso 12.
(Sigo
ensimismada en mi deseo, contesto parcamente el saludo, comentamos
banalidades del mantenimiento edilicio.)
Llego
al 8 y me tiro.
En
el sillón quedo detenida unos minutos
la
radio programa música por un reclamo sindical
la
mirada repara en cada puntada de lana que le da forma a los dibujos
del telar
miro
el teléfono, nada
no
se que busco pero no hay nada
lo
dejo en el apoya brazos pantalla abajo, con actitud indiferente.
(En
un acto reflejo repito esa sesión de movimientos varias veces y
dejo que mi ansiosa mañana insista en buscar respuestas en una
pantalla conectada al afuera.)
Me
miro, me enojo. Disgusto.
Entonces
me incorporo, voy a la cocina, preparo limonada
me
dispongo a tomar un tereré.
(La
mesa de periodistas conversan sobre lo mal que la están pasando
vecinos de localidades inundadas por la avasallante caída de agua y
los suelos infectados de soja mal pensada.)
Dimensiono,
despejo los fantasmas
pienso
en lo real, piso mi suelo, entiendo el ahora
prendo
una vela roja que planto en mi altar
agradezco
y pido un poco más.
Vuelvo
a la cocina, agarro el escobillón, subo un poco el volumen y
comienzo a limpiar
barro
cada rincón al detalle.
Aparece
el colibrí
el
que me desveló anoche y prometió no ser olvidado
viene
planeando la Avenida Corrientes
esquivando
los autos con soltura
traslada
encima de él una paloma de cartulina azul
2,
3, 4, 10 veces más grande que su ágil y veloz cuerpo
la
no correspondencia de tamaños es lo que me inquieta
¿cómo
hace el pequeño colibrí para cargar semejante paloma?
los
miro aterrizar con prolijidad de piloto acostumbrado
se
detienen en el garaje junto a mi bicicleta naranja.
Levanto
las cejas o cierros los ojos
partículas
fluorescentes insoladas me contienen
suave
aire matinal roza mi ilusa mejilla rosada
las
pelusas acumuladas esperan ser levantadas
intento
otro despegue pero estoy unida al suelo
quizás
pronto pase por mí el aterciopelado pájaro azul.
Debajo
los otros transitan su urbana soledad
veloces,
descoloridos, apurados, exentos de la maravilla
(-
Para
volar tan rápido como el pensamiento y a cualquier sitio que exista
-dijo
Chian a la joven gaviota- debes empezar por saber que ya has llegado.
Richard
Bach).
La
subida. V2 de Inundación.
Duermo.
Despierto
y camino descalza sobre la crujiente madera
abro
la puerta, la piel descubre intenso calor
destella
de sol el follaje y encandila mi mirada
adivino
la escalera, desciendo
piso
el suelo y descubro
el
pasto húmedo del rocío amanecer
el
monte de robustos troncos me invita a caminar.
Avanzo
torpe, frunzo mi planta en cada rama o piedra que pellizca con dolor
camino
y se acomoda la pisada
unos
pasos más y el suelo es fango
lo
húmedo se vuelve mojado
los
tobillos ya sumergidos
y
en lo siguiente, la pendiente es más profunda
agua
hasta la cintura y lo próximo es flotar
girar
y girar, el inmenso río es todo lo que rodea.
Un
sapo negro me roza
se
sumerge en las oscuras profundidades
no
estoy sola
no
hay camino
todo
es verde, musgo, brillante, seco,
no,
seco no, todo es mojado,
giros
y giros de agua.
Al
darme vuelta ellos están ahí
tres
jóvenes con zapatillas relucientes
gorros
para el sol, pantalon de mil bolsillos y cámaras fotográficas
previstos,
impecables
me
observan desde la loma donde la piedra es tierra firme
estiran
sus brazos y me dejo salir
enajenada
transparente casi desnuda
de
pie tengo otra perspectiva
senderos
varios se despliegan junto a mi
allí
delante la cabaña ya tiene las ventanas abiertas
descubro
un camino para volver
lo
inmenso cobra dimensión de charco
en
el andar se van secando mis humedades.
Por
qué escribo?
Escribo
porque lo hago desde antes de preguntarme por qué hacerlo.
Porque desde mis primeros cuadernos encontré en la palabra la expresión más sincera de ser.
Porque la escuela de Bellas Artes en la niñez, porque adolecí la adolescencia, porque ejercité guiones en la Universidad, porque en infinitas cartas se plasmaron tantísimos sentires.
Hoy escribo porque dejé de juzgarme y entonces hacerlo me deja un poco más a salvo.
Porque desde mis primeros cuadernos encontré en la palabra la expresión más sincera de ser.
Porque la escuela de Bellas Artes en la niñez, porque adolecí la adolescencia, porque ejercité guiones en la Universidad, porque en infinitas cartas se plasmaron tantísimos sentires.
Hoy escribo porque dejé de juzgarme y entonces hacerlo me deja un poco más a salvo.
Soy
Julia Rebottaro, nací en el invierno de 1979 en Pergamino. Me mudé
a Buenos Aires a los 17 años y estudié Diseño de Imagen y Sonido
en la UBA, luego de egresar comencé a trabajar como vestuarista en
distintos proyectos de cine, televisión, teatro y publicidad;
actividad que sigo realizando en la actualidad. La escritura es el
medio de expresión espejo de todas mis etapas, incluso cuando dejé
infinitas hojas en blanco por miedo a equivocarme.
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